Sin lugar a dudas, es el hogar donde nos nutrimos de cariño, de amor, de cuidado; pero sobre todo, de valores. No obstante, es en el colegio donde empezamos a descubrir la vida en su verdadera dimensión y dónde empezamos a poner en tensión todo aquello que aprendimos en nuestras casas, en nuestros hogares...

 

En el colegio aprendimos mucho conocimiento, de hecho, hoy son una poderosa herramienta para confrontar nuestras vidas desde las distintas profesiones y opciones de vida que tomamos cada uno de nosotros, pero también nos inculcaron valores, reglas de vida, propósitos de vida, todo dentro de un escenario que se nutrió de la correcta relación entre  maestros y estudiantes; entre la dedicación del  personal administrativo, de limpieza y nosotros, y quizá, uno de los aspectos más relevantes, la relación que se fraguo al interior de las aulas, del patio,  esa que nos hizo amigos, compañeros, hermanos, hermanas, relación que se ha dado modos de perdurar en el tiempo y que se reconoce permanentemente entre las paredes de esta institución.

 

Volver al colegio después de haber egresado de él, es como volver en el tiempo. A mí me pasa, y no dudo suceda lo mismo en ustedes. Escudriñar cada rincón, cada lugar y posicionarlo de recuerdos, de personas, de escenarios que están ahí jugando en nuestras cabezas.

 

Y es que es eso, cada aula, cada rincón, cada árbol, cada todo tiene un significado trascendente. Nada es ajeno a nuestras vidas de ayer, y de hoy.

 

Todo tiene sentido. Y aquí estamos reencontrándonos, como cuando se estableció el génesis del colegio al pie del viejo sauce, de ese mismo que en el medio oriente le daban cierta valoración mítica ligada a la eternidad, a la inmortalidad, tan sólida y tan fuerte que es eterno duró mucho más que el tiempo que estudiamos y compartimos nuestras vidas; o el valor que tenía el sauce para los amerindios de las grandes praderas, para quienes el sauce era el símbolo del renuevo cíclico. Y así obró con nosotros, el sauce, el colegio, como un soporte que nos permitió renovar el ciclo de nuestras vidas

 

Particularmente la vida me dio la oportunidad de regresar a mi colegio, y no sólo volver para recoger los pasos, sino para quedarme en él colaborando en reconstruir los nuevos ciclos de los estudiantes que vienen a vivir lo que nosotros vivimos a su tiempo.

 

Hoy puedo compartir esta alegría con todos ustedes, e insisto, no dudo que la emoción que me embarga sea también vuestra emoción

 

Hace poco escuchaba una vieja canción cuya parte de la letra me parece muy oportuno traerla a colación este momento, dice VOLVER ES UNA FORMA DE LLEGAR. Hoy hemos vuelto a nuestro colegio, a nuestra segunda casa, hoy hemos llegado, después de tanto andar hemos llegado, y créanme, siempre vamos a querer llegar una y tantas veces, porque en definitiva, jamás nos fuimos de este, nuestro colegio. Porque jamás dejamos de ser sauces.

Gracias

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